Suki (Puñetazo)

No conozco a nadie que no haya quedado impresionado al ver una escena de artes marciales: ya sea en una película, en directo o en youtube siempre se nos escapa algún “¡Oh!“, “¡Wow!” y exclamaciones varias.

Llevaba mucho tiempo queriendo probarlas, en particular el karate: no soy una persona impresionable pero reconozco que esta disciplina me impactó. Hoy he tenido la oportunidad de participar en una sesión de entrenamiento del estilo Shito-Ryu y, a pesar de que deberían amputarme el dedo gordo de cada pie, debo decir que lo añado a mi larga lista de favoritos.

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Mi experta guía personal (la karateka del cinturón verde, a la izquierda por si el daltonismo) me ha ayudado a realizar correctamente esta postura, el shiko dachi, en la que es fácil fallar si se abren demasiado los pies o se flexionan las rodillas en exceso.

El karate es más que un deporte, es una filosofía de vida: requiere una gran concentración, fuerza y equilibrio (además de una excelente condición física). No basta con  nombrar la pasión y la disciplina de aquellos que lo practican; entrenan su mente a la vez que el cuerpo, para dominar cada movimiento y cada golpe con la máxima precisión.

Yo, humilde intrusa e inexperta, he tenido la suerte de contar con la ayuda de una persona magnífica: ella fue quien me ofreció la oportunidad de experimentar el control de cada postura, cada golpe y cada gesto. Gracias Maika.

¡Oss!

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Cuestión de tiempo

¿Os suena la frase “yo no tengo tiempo para hacer ejercicio“? El horario es uno de los factores más importantes al iniciarse en la práctica deportiva. Mañana, mediodía, tarde o noche… Cualquier franja es buena, aunque todos hemos oído alguna vez las ventajas de entrenar a una hora u otra.

Hora de hacer ejercicio

Yo me confieso animal nocturno: madrugar me resulta muy difícil (por no decir imposible). Siempre hago ejercicio a última hora de la tarde, pero hoy he hecho un esfuerzo y he ido al gimnasio por la mañana.

Resultado: dejando a un lado la pereza, el hambre y las legañas, es una fórmula magnífica para empezar bien el día ya que nos sentimos más descansados y activos a primera hora (no en mi caso, que soy un zombie). Lo único realmente negativo es la aglomeración en el vestuario.

Por otra parte, no hay nada más desestresante que finalizar el día con una hora de cardio: liberas la tensión acumulada y al llegar a casa vas dirextamente a la cama.

¡Vosotros elegís!

Evadirse

No pienses, sólo sigue entrenando Uno de los beneficios más poderosos del deporte es la desconexión: el tiempo que pasas haciendo ejercicio es tiempo que te dedicas a ti mismo.

Cuando corres, nadas, haces pesas, bailas, etc. te evades de la realidad. La rutina y los problemas del día a día se evaporan: estás tu y el entorno, tan sólo acompañado por tus pensamientos o la música.

Con el ritmo de vida actual resulta difícil no entrar en un torbellino de estrés; sin embargo, cuando empiezas una la sesión de fitness o te calzas las zapatillas el nivel de concentración es tal que la mente se queda completamente en blanco. Es como reiniciar nuestro sistema corporal, ¿verdad?