Suki (Puñetazo)

No conozco a nadie que no haya quedado impresionado al ver una escena de artes marciales: ya sea en una película, en directo o en youtube siempre se nos escapa algún “¡Oh!“, “¡Wow!” y exclamaciones varias.

Llevaba mucho tiempo queriendo probarlas, en particular el karate: no soy una persona impresionable pero reconozco que esta disciplina me impactó. Hoy he tenido la oportunidad de participar en una sesión de entrenamiento del estilo Shito-Ryu y, a pesar de que deberían amputarme el dedo gordo de cada pie, debo decir que lo añado a mi larga lista de favoritos.

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Mi experta guía personal (la karateka del cinturón verde, a la izquierda por si el daltonismo) me ha ayudado a realizar correctamente esta postura, el shiko dachi, en la que es fácil fallar si se abren demasiado los pies o se flexionan las rodillas en exceso.

El karate es más que un deporte, es una filosofía de vida: requiere una gran concentración, fuerza y equilibrio (además de una excelente condición física). No basta con  nombrar la pasión y la disciplina de aquellos que lo practican; entrenan su mente a la vez que el cuerpo, para dominar cada movimiento y cada golpe con la máxima precisión.

Yo, humilde intrusa e inexperta, he tenido la suerte de contar con la ayuda de una persona magnífica: ella fue quien me ofreció la oportunidad de experimentar el control de cada postura, cada golpe y cada gesto. Gracias Maika.

¡Oss!