Agotamiento

Llevas más de una hora de entrenamiento y estás exhaust@:

Sientes como los músculos se resisten a obedecer lentamente, extenuados, forzados hasta el límite de sus posibilidades.

Notas como la piel se enfría y se calienta de forma alterna, al parar tan sólo medio minuto; y esa gota de sudor perpétua que se desliza lenta e inexorablemente por tu espalda.

Tus rodillas tiemblan y tus pies arden, resistiendo cada movimiento y manteniéndote para el próximo; aún así dudas de cuánto tiempo serán capaces de soportar.

Tu respiración empieza a entrecortarse: constante al principio, desesperada al final. Jadeas en un intento de externalizar el cansancio y seguir adelante.

Y de golpe, casi sin darte cuenta, se acabó. Has terminado.

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